EL REPORTE MÁS IMPORTANTE DE MI VIDA

   

Siempre he entendido estas comunidades virtuales como un área de intercambio de información, mucho de lo aprendido ha sido mediante estos foros, muchas amistades las he forjada acá, por eso trato de siempre de reportar, de tratar de entusiasmar y en lo posible de devolver la mano entregando el conocimiento que uno ha podido recopilar a lo largo de los años. Sin embargo desde hace algún tiempo me había cuestionado el hecho de estar tan visible, de reportar todo, de ser tan pinturita, quería volverme anónimo.

En estas últimas semanas la vida me dio un golpe brutal y como toda experiencia vivida, siempre hay una enseñanza, es por ello que quisiera compartirla con ustedes, tal como esos tantos reportes de pesca que he escrito.

Los que tenemos hijos, y hemos pasado por todas sus etapas de crecimiento, cómo cuando aprendieron a caminar y uno los afirmaba en cada paso evitando que se golpearan, cómo cuando aprendieron a andar en bicicleta y uno los afirmaba desde el sillín esperando que no perdieran el equilibrio, o trataba de protegerlos a como diera lugar del matón del colegio, sabemos que llega el momento en que empiezan a volar con sus propias alas, que logran de a poco su independencia y deben enfrentar la vida, ya adolescente o algo mayores, salen por su cuenta y se enfrentan a la vida, con sus venturas y sus amarguras, pero los padres siempre guardamos íntimamente un gran temor, ese temor a una llamada de madrugada, esa llamada maldita que nadie quiere recibir y que lamentablemente llegó a mi casa esa madrugada del sábado de 2 de noviembre a las 6 am.

Mi hijo menor, Javier, que más de alguna vez me acompañó en los paseos de pesca, trabajaba de diskjokey junto a su primo Nicolás, en una disco de la ciudad, ese mundo le apasiona y me llega mucho ya que cuando yo era estudiante también trabaje ligado a la música, en mi caso en una radio, pero sin lugar a dudas se exponía a muchos riesgos, especialmente en el retorno, de hecho no hace mucho fueron testigos presenciales de un atropello fatal fuera de esa misma disco, en donde el tipo se dio a la fuga, por lo mismo opte por facilitarle el auto para que el trayecto fuera más seguro. Esa noche antes de terminar su jornada laboral se le acerca su polola, Macarena, una amiga carolina y un vecino, Jonathan, por lo que Javier decide ir a dejarlos a la casa, al otro lado de la ciudad. Transitando por la costanera, a esa hora desierta, presumo a unos 100 kls/hrs., un tipo en un volvo se situá al costado y le empieza a molestar con una carrera, Javier lo ignora y frente a una plaza en la calle Nicolás tirado, el tipo finalmente tira el auto encima calculando mal la distancia y golpeando la punta del auto al tiempo que Javier frenaba, producto de eso, Javier golpea la berma, pierde el control del vehículo y se estrella de lado a unos 80 kls. Contra un muro.

Cuando llegue al sitio del accidente la imagen me remeció hasta los huesos, la costanera cortada por carabineros, 3 carros de bomberos de rescate, 4 ambulancias y el auto en la mitad de avenida.

Javier, carolina y Jonathan salieron ilesos, pero macarena y nicolás que iban sentados hacia el lado del impacto resultaron heridos de cierta consideración(hasta esa hora).

A media mañana y una vez que tuvieron los resultados de la alcoholemia, que marcó 0.0 grm/ltr a Javier lo liberan pero empiezan las malas noticias con los niños, de lesiones menores y una posible fractura se pasa a daños interno y cirugías de emergencia. Hora a hora la angustia se hacía parte de estas 3 familias, hasta el último reporte a eso de las 9 de la noche en que simplemente nos destrozó. Tanto el nico como la maca tenían daños masivos en sus órganos, la operación consistía en mantener abierto el abdomen y mediante unas gasas especiales contener el sangrado del hígado, bazo, pulmones y estómago, ambos tenían un pronóstico de 80% de mortandad, si no paraba el sangrado era cosa de horas.

En mi vida he pasado duras pruebas pero nunca había sentido nauseas de tanto nervio y dolor

No puedo expresar con palabras la angustia, el dolor y la desesperación de ese día, ¿cómo podríamos continuar viviendo si ocurría lo casi inevitable de la muerte de los niños?, ¿cómo podría Javier enfrentar esa situación?, es lo más cercano a un infierno, va mucho más allá de un dolor físico, ese dolor en el alma, las culpas, las ganas de detener el tiempo, la suplicas y el vacío.

Los siguientes días fueron muy oscuros, mucho llanto, mucho desconsuelo, mucha terminología médica que se resumía en que hay que esperar y rezar. Esos primeros 3 o 4 días los vivimos completamente en los pasillos del hospital público de la ciudad, era cómo que el reloj no avanzaba, seguíamos viviendo congelados en el momento del accidente, ni siquiera teníamos el valor de contestar el teléfono, en esos momentos deseábamos contar que los niños iban a estar bien pero la realidad era mucho más dura.

Tuve la mala ocurrencia de indicar a la grúa que dejara el auto en mi casa, cada día que salíamos y los niños luchaban por aferrarse a la vida, veíamos el auto como mudo testigo del brutal accidente, lo termine regalando al que lo sacara más rápido de la casa, entiendes en un segundo que las cosas materiales no significan nada, aun como en el caso mío, que fue producto de años y años de trabajo.

“Los más terrible se aprende enseguida y lo hermoso nos cuesta la vida.”

Luego vino un punto de inflexión, al menos para mí, llego el momento de pedir los dadores de sangre y la respuesta fue impresionante, los compañeros de colegio, los amigos de los niños, familiares y mis amigos de la pesca, realmente ese fue el primer golpe anímico importante que recibí, mucha gente se acercó a donar sangre, mis amigos más cercanos, el Paul Cifuentes, Javier Fernández, algunos que mantenía contactos por internet solamente como Victor Vega, Rodrigo Aravena, Rodrigo Gutiérrez y tantos más que les pido disculpa si los omito, que se conmovieron y sin conocerme personalmente hicieron el esfuerzo de ir a donar sangre con sus esposas y amigos, realmente se los agradezco en el alma.

Recién al cuarto o quinto día los médicos se mostraban más optimistas, muy cautelosos por las complicaciones de los niños, el niko con algunas fracturas pero una complicada neumonía y una contusión pulmonar que lo mantenía con respirador artificial aunque evolucionando bien de los daños en los riñones e hígado, la maquita más complicada por la extracción del bazo y el hígado casi totalmente destruido, mantenían riesgo vital pero su juventud le jugaba a favor. Cada vez que los médicos le informaban el estado de salud a las mamás de los niños y veíamos a las distancia como sus rostros se llenaban de lágrimas y dolor sabíamos muy bien lo que venía, abrazarnos en el dolor y tratar de no perder las esperanzas, aunque reconozco que más de una vez también caí.

Fue duro también preparar a mi hijo con lo que se venía, muchas acusaciones, mucha impotencia canalizada hacía el, mucho odio e incomprensión, anticipar los posibles escenarios y prepararlos para lo peor.

Los días se me confunden pero viví momentos muy emotivos, como cuando paso a verme sin saber del accidente el Ruben y lloramos por mucho rato juntos en mi oficina, o la plegaría que conectados por el altavoz nos entregó Emilio Segura junto a su familia en el preciso momento que más la necesitaba, tanto momentos que empiezo a atesorar en mi memoria.

La segunda semana ya fue algo más alentadora, los daños en los cuerpos de los niños ya estaban acotados y recibiendo el mejor tratamiento en la UCI del hospital regional, una infraestructura de primer nivel con el mejor personal, contrastando mucho con el resto del edificio, largas y humillantes colas al sol para poder entrar una hora de visita al día, se convirtieron en nuestra rutina, ingeniándolas para poder entrar “a la mala” y acompañar a Mónica y Lorena, las madres de Nicolás y Macarena, hasta las 9 de la noche en que volvíamos a casa a preparar algo de almuerzo si es que las ganas alcanzaban.

Cómo las visitas en la UCI obviamente están muy restringidas, no había tenido la posibilidad de entrar a ver los niños pero a media semana se me dio la posibilidad, paso delante de la cama de la maca, llena de tubos y con la cara muy hinchada producto del golpe, totalmente sedada, luego el niko, conectado al respirador, amarrado a la camilla, con sondas, drenajes y monitores, me quedo un rato observándolo y le hablo fuerte detrás del vidrio.. tranquilo niko, todo va a estar bien…. Se me paralizo el corazón cuando veo que el niko me levanta el pulgar indicándome que estaba bien, los ojos se me llenaron de lágrimas y me demore muchos segundos en controlarme y volver a hablarle, fue una de las situaciones más emocionante que me ha tocado vivir.

Algunos partes médicos eran muy alentadores y lo celebramos mucho, otros eran muy conservadores y nos demolían emocionalmente, aprendimos a sacar la media, cada día pasado es un día ganado, se convirtió en nuestro lema, sin embargo ese fin de semana fue muy duro, el niko tuvo una complicación en la sutura del abdomen y tuvieron que someterlo a una cirugía de emergencia, que lo hizo retroceder en su avance, y la maca una vez en pabellón para recién poder suturar su herida acusa que aún mantenía un sangramiento en el hígado por lo que no podían cerrarlo aún.

La siguiente semana lentamente paso de las suplicas en las cadenas de oraciones a agradecer las bendiciones, poco a poco los niños superaban su riesgo vital y el niko abandonó la UCI, que cómo les comenté es de primer nivel para caer en una sala común en donde los pacientes se atienden solos, era incomprensible que un paciente de su gravedad, que no podía valerse por sí mismo, ni estar expuesto a infecciones por su aun latente problema respiratorio, fuera botado literalmente en esa sala, así conocimos la salud pública, pero las enfermeras de la UCI sin tener ninguna obligación bajaban a ayudarlo los primeros días, Dios fue abriendo puertas y corazones y poder tocar y abrazar al niko fue un alivio importante, del mismo modo recibir la visita de los tucanes de mi querido club stella maris que me hicieron un importantísimo aporte económico que resulto fundamental para apoyar a ambas familias, me ayudó mucho a tener un a preocupación menos.

La tercera semana trajo la noticia de que por fin pudieron terminar la sutura de Macarena, a los pocos días paso a UTI y luego a sala común para hoy martes 26, 24 días después del accidente se puedan ir de alta, con algunas secuelas que aún queda por superar, restablecer los músculos, corregir fracturas, recibir apoyo psicológico, y una cicatriz enorme en el abdomen que les recuerdan que son unos sobrevivientes, que Dios les dio una segunda oportunidad.

Ahora vienen nuevos desafíos, por un lado la incertidumbre económica ya que estos tratamientos serán costosos y debemos de alguna forma ayudar a solventarlos, el proceso legal en contra de mi hijo, parte de la familia de macarena no quiere ver cerca a mi hijo de ella, las posibles secuelas físicas que eventualmente puedan quedar. Pero ya no espero nada más de la vida, mi cuota de bendiciones ya está completa con este milagro, lo que venga vendrá, misteriosos son los caminos del señor y esta experiencia de vida implica un nuevo comienzo, una nueva oportunidad para muchos de nosotros, entendí el mensaje y esperamos enmendar el rumbo.

Rendir un homenaje a esas tres madres, a lorena, mónica y mi sra. blanca, ese amor de madre, esa incondicionalidad, esa entrega que solo una madre puede entregar a un hijo, me conmovió en lo más profundo, uno cómo padre ama a sus hijos pero el amor de madre es algo fuera de nuestro alcance.

Gracias a todos por su preocupación, por su apoyo, por su cariño, espero que tal como yo puedan sacar lecciones de esto y darse cuenta de lo importante que es estrechar la mano del amigo cuando lo necesite.

Ha llegado el momento de volver a tomar una caña de pescar y pararme frente al mar, meditar y dar gracias a Dios por estar vivos.

por

Mauricio Hernández Aliaga